jueves, 2 de junio de 2011

Meuersault Junior

Nótalo. Nota como tapona tus oídos. Cómo crispa tus puños. Siente la vibración de cada paso en los muslos. La tensión de los músculos de la frente. Date cuenta de que te duele la mandíbula y aflójala.
Arroja tus cosas en la mesa en la que están sentados tus amigos. Da una mala contestación a uno de ellos. Siéntate en un sitio un poco apartado, al sol, y apoya los codos en las rodillas. Nota cómo te duelen las cuencas de los ojos. Ciérralos. Incorpórate y busca el tabaco en tu bolsillo. Enciéndete uno. Échate para atrás mientras sueltas el humo por la nariz y vuelves a tensar la mandíbula. Da otra mala contestación.
Mírate el antebrazo. Mira las venas verdes. Te pica. Comienza a pasar las uñas sobre él. Más fuerte. Más rápido. Mira los surcos blancos que forman. Mira cómo se enrojecen. Te sigue picando. Rasca más. De repente, pequeñas perlas rojas surgen y se abren como plantas, creando una retícula entre los surcos de la piel y los pelos hasta ahora invisibles. Toca la sangre cpn el dedo índice. Nota cómo se alivia la tensión.