Esto no soy yo, yo soy un charco.
Esto es para no ser yo, no escapando, sino adornándome un poco.
El exhibicionismo emocional parece ser una suerte de consuelo, así que me apunto. Me atuso las ideas y las palabras y me entrego a la deshonestidad manifiesta, de la forma más obscena posible. Voy a mentir un montón. Voy a describir como la elevación me da razones para vivir, se convierte en mi religión, y me somete. Y me retuerzo y me rompo el cuello para mirarla, y tomo grandes bocanadas de aire como un pez que se esté ahogando. Y aunque tarde unos años más que el pez en ahogarme, la sensación de que soy una consecuencia, una alucinación química, casual, no se va a ir hasta que me muera.
Lo brutal de la situación es que esto no soy yo, pero lo que habla con mis amigos tampoco. Ni lo que habla con mi madre. Al menos no completamente. Lo que yo sea está fuera del alcance de nadie. Aunque conozca mis hábitos y comportamientos. Aunque conozca las motivaciones últimas de mis actos, que yo desconozco. Estoy aparte del mundo. Y tú también. Y nos pudrimos, nos ahogamos, como el pez. Aislados en nosotros. Pensando que respirar es la prueba irrefutable de que no podemos dejar de convulsionar hasta que dejemos de existir.
He decidido convertirme en spam.
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