domingo, 29 de mayo de 2011

Bang.

A modo de diario, afirmo que hoy soñaré con hombres delgados de grandes orejas. Con ojos azules, pequeños y demasiado juntos que miran inquisitivamente a través de gafas pasadas de moda. Serán cultos, y graciosos. Y listos, pero no lo suficiente como para saber que en primavera me convierto en Humbert Humbert y me empieza a picar dolorosamente (lolitosamente) todo cuanto he pasado anteriormente por alto, como una voz meliflua e irritante, una fina boca de pez o un puñado de pelos color arena.
Lo bueno es que no recordaré el sueño mañana, y nunca más seré monsieur Humbert para esos hombres. Y jamás reconoceré haberlo sido alguna vez, pese a la avaricia del momento.

(N del T: Mirarte fijamente hasta que te das cuenta de que lo estoy haciendo me proporciona una especie de satisfacción guarra e insignificante, como explotar un grano. También me pasa con los mormones que miro en el metro.)

No hay comentarios:

Publicar un comentario